#MartínezGate. Respuestas y argumentos, después del vendaval

No pensaba contestar los post y comentarios que han surgido a partir de mi texto sobre el Martínez, pero dada la dimensión que ha tomado la polémica (¡en Twitter incluso se ha creado el hashtag  #MartínezGate!), creo que lo más maduro y sensato es responder a algunos aspectos. Expondré mis ideas a partir de los diferentes temas que han salido a debate, por orden aproximado de importancia, sin orden cronológico. Empezamos.

Sobre la idoneidad o no de publicar críticas negativas en los blogs. Cada blogger es un mundo y tiene sus propios valores y reglas. Y es libre de tenerlas, siempre que en sus textos no falte al respeto. No creo que yo lo haya hecho en mi post (más tarde lo comento). Y he de apuntar que sólo en dos ocasiones he publicado opiniones negativas. Lo he hecho cuando he creído que no se trataba de propuestas honestas, cuando me he sentido maltratada en un restaurante, cuando he echado de menos la humildad o cuando el negocio en cuestión ha recibido grandes alabanzas, de gente del sector, que he considerado poco sinceras.

Creo que las críticas bien argumentadas ayudan y son necesarias. ¿No podemos hablar con sinceridad de lo que vivimos y comemos? ¿Cómo van a saber nuestros (pocos) lectores, que confían en nuestro criterio, que un establecimiento no nos ha gustado, si obviamos las malas experiencias? Cada blogger, crítico, periodista u opinador puede optar por sus formas y sus canales. Yo, si me siento como me sentí en el Martínez, lo contaré. Espero que, como hasta ahora, sea en poquísimas ocasiones.

Las críticas negativas venden más que las positivas, sí. Lo he podido comprobar estos días. Pero les aseguro que es mucho más agradable alabar un restaurante que criticarlo. Y si un blogger se lanza a destrozar establecimientos sólo para ganar seguidores, supongo que se notará, se pondrá en evidencia y perderá credibilidad. No es mi estilo. Allá cada cual con lo que escribe y con lo que lee.

Sobre probar un restaurante varias veces antes de opinar. El señor Parrado me lo exige a mí, pero no se si se lo ha exigido a críticos gastronómicos profesionales que han escrito sobre su establecimiento (positivamente). Albert Molins (Homogastronomicus) explica que él intenta hacerlo. Le felicito de corazón por ello. Mi presupuesto casi no llega para comer una vez, menos para comer dos veces en el mismo sitio. Además, como apunta David Valdivia (Irreflexiones Gastroanímicas, La Hora del Bagel), a mi no me dejan hacer dos veces la misma entrevista antes de que salga en antena. Casi nunca se tienen dos oportunidades antes de que se juzgue tu trabajo.

Ahora bien, a partir de ahora creo que intentaré no probar un restaurante durante sus primeras semanas de rodaje (esperaré un mes al menos).  Aunque pobres los emprendedores gastronómicos… si todos pensamos igual… ¡sus locales estarán vacíos durante sus primeras semanas!

Sobre la valentía de abrir nuevos negocios en época de crisis y el daño que podemos hacerles con nuestras críticas. Con este argumento, deberíamos elogiar cualquier empresa de nueva apertura, sea cual fuere su ética, sus valores, su producto y su manera de tratar al público. No estoy de acuerdo con esto. Para ser emprendedor y salir adelante, no todo vale. Según mi criterio, hay que tener unos mínimos. Apoyaré a un tipo de empresarios emprendedores que siguen los criterios y la manera de trabajar que considero oportuna, no a todos y a ciegas.

Martínez ha supuesto la reapertura de un lugar emblemático, sí. Por eso me da pena que no se haya recuperado este enclave maravilloso con otro tipo de propuesta, para todos los públicos. Por descontado que el señor Parrado ha abierto el tipo de negocio que le ha parecido conveniente y más rentable. Pero ya les gustaría a muchos pequeños empresarios tener las posibilidades económicas, el apoyo del Ayuntamiento y la mano extendida de mucha gente del mundillo para poder coger las riendas de un establecimiento como éste. Suerte y trabajo para el señor Parrado. Y que aproveche la oportunidad.

Sobre el anonimato en Internet al que se refiere el señor Parrado, y que tanto se discute. En mi blog explico claramente quien soy: Rosanna Carceller, periodista y amante de la gastronomía. Por si no es suficiente, añado algunos detalles profesionales sobre mi trayectoria y mi vínculo con la gastronomía…

Soy Licenciada en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona.

Durante 8 años he sido guionista del “Versió RAC1”, un programa de radio en el que he preparado y llevado a cabo entrevistas a muchos cocineros y gente del sector (Ferran Adrià, los hermanos Roca, Carme Ruscalleda, Juan Mari Arzak, Rosa Maria Esteva, Santi Santamaria, Paco Pérez, Cristina Jolonch… por poner algunos ejemplos).

Tengo una sección de comida (un espacio dirigido al gran público, sobre temas muy populares o curiosos) en el “Versió Estiu”, el “Versió RAC1” del verano, magazín de las tardes en RAC1.

He colaborado en el libro “El Celler de Can Roca”, publicado por la editorial Librooks el pasado mes de abril, obra de referencia sobre el restaurante. Mis textos son los primeros que aparecen en él, sobre la historia de los hermanos y del establecimiento. Un auténtico placer conocerles, entrevistarles y trabajar en su proyecto durante dos años. Pueden leer mi nombre en el índice de capítulos del libro.

Colaboro con un restaurante en la gestión de temas de prensa y redes sociales. Es un establecimiento que he visto nacer y crecer por motivos personales: son mi familia en sentido literal y metafórico. Gracias a esta experiencia, sé muy bien lo difícil que es abrir un restaurante y llevarlo adelante con responsabilidad y honestidad.

Este es mi modestísimo y breve currículum relacionado con la gastronomía.

Sobre la falta de lucidez en mi texto y mis conocimientos técnicos, al que aluden algunos post y comentarios, les diré que mi blog va dirigido al gran público. No uso palabras rimbombantes ni grandes expresiones sobre texturas y sabores. Puede que ‘soso’,  ‘bueno’ o ‘bien’ suene parco, pero con esas expresiones llanas y claras me basto para hacerme entender. A veces prefiero los datos, los precios, las fotos, el ticket, la crónica de lo que viví sin grandes retóricas. ¿Es un problema? Yo creo que no. Es mi estilo.

Nunca he cocido arroces en un restaurante, por eso no conozco la  técnica profesional. Pero he cocinado y comido en casa cientos de ellos, por eso se perfectamente cuando uno está soso, chicloso, pasado o crudo. Y lo digo en mi blog.

Como apunta Jordi Luque (jordiluque.com), formarse para tener una opinión con buena base es positivo. Por eso constantemente intento formarme: leo, discuto, pruebo, viajo, entrevisto… aprendo. No tengo cursos ni máster en crítica gastronómica, pero no descarto hacerlos. Me encantaría si tuviese algún día tiempo y dinero. De momento, seguiré escribiendo con el máximo rigor y sentido posible, opiniones siempre subjetivas, pero intentando argumentarlas.

Sobre mi libertad de opinar y la de los implicados de responder. ¡Por supuesto que hay libertad de réplica! ¡Faltaría más! Como autora y gestora del blog Tramussos d’África, tengo la posibilidad de publicar o no publicar los comentarios que se hacen a mi post. Y hasta la fecha, los he publicado TODOS, aunque algunos de ellos sean mucho más ofensivos que mi texto (o mucho menos simpáticos). Me reservo el derecho de no hacerlos públicos si los insultos o faltas de respeto van a más. Por lo tanto Albert, soy la primera que doy pie al debate. Me encanta, lo acepto, lo comparto y lo genero. A Jordi Luque le digo que yo acepto ese bumerán: he sido yo la que ha apretado el botón de “publicar” cuando me han llegado críticas negativas a mi texto.

Sobre la blogosfera catalana y su supuesto apoyo. Algunos bloggers me han defendido, y otros me han criticado. Como ya dijo él, sólo conozco personalmente a David Valdivia y muy poco. No me muevo en el círculo de los bloggers gastronómicos catalanes. Los estoy empezando a conocer. Si la ‘blogosfera catalana’ es una familia, yo no formo parte de ella. Puede que algún día esté más metida en este grupo, quién sabe. De momento, corporativismo ninguno.

Sobre la independencia de bloggers y críticos gastronómicos, invitaciones y demás. Ni todos los unos son independientes e incorruptibles, ni todos los otros unos vendidos. Hay de todo en todas partes. Por eso sólo puedo hablar de mí misma, aunque no sé si a alguien le pueda interesar. No he ido a ninguna conferencia, cena o actividad para bloggers. ¿Por qué? Sinceramente, porque a las que me han invitado, no me han parecido interesantes. Si algún día me invitan a algo que me atrae, ya decidiré qué hago, y cómo lo explico en caso de que no me guste. Supongo que no recibo muchas invitaciones porque mis seguidores todavía no se cuentan por miles diarios. Aunque a este paso y con tanta polémica, nunca se sabe…

En cuanto a invitaciones a restaurantes: sólo me han invitado en uno, porque es el negocio de mi familia. Y cuando he escrito sobre ellos, he dejado claro que mi visión está sesgada por esta relación personal.

Sobre los precios de los vinos. Elevar los precios de los vinos no es un “error”. Es querer multiplicar demasiadas veces el precio de coste, para tener un gran margen de beneficio, a costa de los comensales, que hacen (algunos) esfuerzos económicos para ir a comer o cenar a restaurantes como éste. Por supuesto, es una decisión libre del empresario, como mía es la libertad para comentarlo y decidir no volver.

Sobre la estética del personal en un restaurante y las gafas de sol. Sí, el primer párrafo de mi post es contundente. Porque NO me gusta que un camarero me atienda con gafas de sol. Aunque estemos en el siglo XXI y sea de lo más desenfadado y moderno. La modernez y los tiempos que corren no quitan la necesidad de respeto al cliente, según mi criterio, Jordi. Y sí, señor Parrado, soy miope y llevo gafas. Pero no de sol durante mi horario de trabajo (a no ser que las necesite por motivos de salud).

Sobre mi supuesta falta de respeto al personal del Martínez que apunta Jordi. Menciono una “sonrisa profidén de escándalo” porque me pareció una actitud sobreactuada en muchos momentos. Nada más. No conozco la calidad humana de estas personas, ni he juzgado nada más que esa pose, que puede que se deba una directriz de la empresa. Trabajé en una multinacional donde nos obligaban a sonreír exageradamente y a pronunciar determinadas frases de bienvenida al público: les aseguro que mi gesto también era forzado y muy criticable por parte de nuestros clientes, era evidente que estábamos actuando. A Homogastronomicus le he de decir que por supuesto que son opiniones subjetivas las referentes a sonrisas, gafas y camisas. Pero no sólo éstas, sino todo el texto: es mi opinión, mi experiencia personal.

Antes de dejaros ya tranquilos de una vez, agradecer a Albert Molins, a Ricard Sempere (Els Meus Restaurants), a Jordi Luque y a David Valdivia que hagan referencia a mi blog y que lo incluyan en sus textos. Un abrazo cordial a todos. A los que no conozco, espero charlar pronto con ustedes, ante un café o una cerveza.

¡Salud!

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7 responses to “#MartínezGate. Respuestas y argumentos, después del vendaval”

  1. Ricard Sampere (@ricardsampere) says :

    Un post molt encertat en el que no sabria pas trobar punts a rebatre… També agraïr-te la referència que em fas, igual que li vaig agraïr al Jordi Luque (l’únic que conec personalment de tots els esmentats).

    I si que un post amb opinions crítiques, pot donar més visites de manera puntual, però a la llarga tampoc afecten massa el comput global. I ho puc afirmar a partir de les meves pròpies estadístiques. Els 4 o 5 post negatius, que tinc, entre quasi 150, han donat de mitjana unes 300/400 visites de més, que no deixa de ser misèria…

    Salutacions i endevant amb Tramussos i les teves participacions a RAC1, que conec.

  2. Pedro P says :

    En mi opinión, me acabo de incorporar al tema, y he quedado muy sorprendido al ver tanto revuelo por esa crítica.

    Es más, Rosana, te veo dando mil explicaciones que considero innecesarias. Y qué si estás más o menos relacionada con la gastronomía? Es una crítica honesta, sin segundas intenciones y razonada. Punto. No hace falta más. Acaso el derecho a opinar depende de numero de followers/lectores/ etc? Si hay honestidad, dejen opinar libremente y paren de entrometerse. Estoy hasta el gorro de los ofendidos y no entiendo y me molesta profundamente que haya que justificarse 100 veces por todo y ante todos.

  3. Jordi Luque Sanz says :

    Igual que fa en Ricard, agraïr-te la menció.

    Una abraçada.

  4. Irene Gutierrez says :

    Yo agradezco las crticas sinceras buenas o malas. Muchas veces he ido a restaurantes guiada por referencias positivas en algunos blogs, y me he llevado una gran desilusion y con la idea de que el bloguero es amigo de los del negocio, tuvo suerte el dia que el fue, o quizas nuestros raseros sean diferentes,
    para mi es muy importante el trato el protocolo a seguir a la hora de servir y atender a los clientes, sin quitar importancia a la cocina
    Ademas el blog de cada uno es como su casa, estaria bueno que viniera alguien y te dijera como debes de hacer las cosas en tu casa

  5. Hawadja says :

    Doncs per ser periodista, rellegeix-te el teu text i analitza’l. Perquè si l’has escrit “amb el màxim rigor i sentit possible”, manifestant “opinions sempre subjectives (n’hi ha d’altres?) però intentant argumentar-les” diu molt poc al teu favor. O és que li exigeixes més a un restaurant que als teus propis textos?

  6. Alvaro V. says :

    Chapó a todo lo escrito.
    La gente, al menos yo, busca en los blogs de restaurantes opiniones alejadas de lo que nos va a decir ‘el que fem’ de la vanguardia o el ‘time out’. Experiencias reales sin estar subvencionadas por el restaurante. Con tu ya famosa crítica al ‘Martínez’ es muy sencillo hacerse una idea del tipo de restaurante ante el que nos encontramos. Y después cada uno elegira si quiere ir o no.

  7. Domènec Segura. says :

    Jo no tinc blogg, ni amateur ni professional, però només puc dir: Bravo!

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